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jueves, 30 de octubre de 2014

Altares

Altar de muertos

La representación de los altares de muertos ha cambiado a través de los siglos desde la introducción de la religión católica en el México prehispánico. Se han incluido elementos simbólicos que no pertenecen a las culturas mesoamericanas, como imágenes religiosas católicas (rosarios, crucifijos e iconos sacros).
La estipulación de la festividad religiosa del Día de Todos los Santos se conjuga con el Día de Muertos. En tiempos de la Conquista de México se intentó convertir al catolicismo a los pobladores de Mesoamérica. La tradición "se resistió a morir" y poco a poco se le fueron incluyendo elementos de las culturas europeas.
Tanto como altares, al igual que las ofrendas son nuestra muestra de cariño hacia los muertos mejor conocidos como seres del más allá.
La construcción y representación del altar de muertos varía según la idiosincrasia y los elementos disponibles en una determinada región, así como de la cosmovisión de las diferentes culturas y etnias.

Niveles del altar

Los niveles en el altar de muertos representan la cosmovisión, regularmente representando el mundo material y el inmaterial o los cuatro elementos, en cada uno de ellos se colocan diferentes objetos simbólicos para la cultura, religión o la persona a la que se le dedica el altar.
  • Altares de dos niveles: son una representación de la división del cielo y la tierra representando los frutos de la tierra y las bondades de los cielos como la lluvia.
  • Altares de tres niveles: representan el cielo, la tierra y el inframundo. Debido a la introducción de ideologías de las religiones europeas, ha cambiado su significado a dos posibles, pudiendo representar la tierra, el purgatorio y el reino de los cielos, o bien, los elementos de la Santísima Trinidad según la tradición católica.1
  • Altares de siete niveles: son el tipo de altar más convencional, representan los siete niveles que debe atravesar el alma para poder llegar al descanso o paz espiritual.2Según la práctica otomí, los siete escalones representan los siete pecados capitales.3 Se asocia el número siete con el número de destinos que, según la cultura azteca, existían para los diferentes tipos de muerte.
En diferentes culturas, particularmente en la azteca, se creía que existía un proceso para nacer y otro para morir. Así, cuando el alma abandona el cuerpo físico debe pasar una serie de pruebas o dimensiones para llegar al ansiado descanso. En la cosmovisión azteca el alma de una persona debía pasar ocho niveles en el Mictlán (inframundo de aquellos que mueren naturalmente), cada uno representaba una prueba para llegar al noveno nivel en el que se llegaba ante Mictlantecuhtli y su esposa Mictecacíhuatl, llegando al descanso eterno. El dios azteca Xólotl era el psicopompo de las almas en el camino.4

Aromas

En su forma más tradicional se incluyen diversos elementos aromáticos que simbolizan la purificación del alma, así como diversas especies de hierbas de olor, las cuales también representan los frutos de la tierra. Su origen simbólico se concentra en el aroma embelesante, capaz de guiar o atraer a los difuntos a su ofrenda.
Diversas versiones del altar tradicional incluyen la infusión de hierbas de olor como el laureltomillomejoranaromero y manzanilla, que se ponen a hervir en una olla tapada por una penca de nopal perforada. La infusión de estas hierbas producirá un olor atractivo que se colará a través de las perforaciones del nopal y guiará a las almas a la tierra.5
La resina del copal es un elemento frecuente en la representación de altares de muertos por su capacidad natural de producir un aroma distintivo. Tiene diferentes significados en las diversas regiones y culturas de América, solía utilizarse en rituales de atracción de la lluvia y ceremonias de purificación del alma de los vivos, de ahí su relación en la utilización en el día de muertos.6
El incienso es un elemento menos frecuente en los altares por ser de origen oriental, aunque también se le atribuye la propiedad de guiar o atraer a los muertos al igual que las infusiones de hierbas.

Arco

Se coloca arriba del último piso un arco hecho de carrizopalmilla o flores que simbolizan ser la puerta de entrada al mundo de los muertos, el octavo nivel que se debe seguir para llegar al Mictlán y encontrarse con Mictlantecuhtli. Frecuentemente se decora con flores de cempasúchil y puede contener otro tipo de ofrendas como frutos y golosinas.[cita requerida]

Papel picado

Los aztecas utilizaban el papel en esta celebración para representar el viento debido a su maleabilidad, aunque lo que utilizaban originalmente era papel amate, un tipo de fibra hecha de la corteza de árboles que no requiere del proceso convencional del papel inventado en Asia. En ellos se pintaban diferentes deidades y se hacían atuendos, debido a su versatilidad podía ser teñido de diferentes colores disponibles para la época; como ejemplo notable se encuentran los códices y geroglificos que relataban eventos trascendentes dentro de diferentes culturas mesoamericanas. Con la influencia española aparecieron diferentes tipos de papel, colores y patrones.7
El color amarillo y el color morado en el papel picado o las cadenas de papel representan la dualidad entre la vida y la muerte. El papel picado comercial regularmente incluye variedad de colores y diseños basados en las caricaturas de José Guadalupe Posada, aunque también se utiliza con otro tipo de motivos y diseños para otras fiestas de la cultura popular mexicana como la celebración del inicio de la batalla de independencia de México.}

Representación del fuego

Como representación del elemento fuego suelen añadirse velas, veladoras y cirios, por su fácil manejo y su relación con los símbolos religiosos. En su versión menos frecuente pueden añadirse antorchas y fogatas controladas que representan la guía para el alma, incluso la luz en su camino de vuelta al mundo de los muertos. Se colocan cuatro cirios para representar una cruz y los cuatro puntos cardinales
.

Representación del agua

El agua tiene múltiples significados, el principal, se utiliza para calmar la sed del espíritu. Se colocan diferentes objetos que representan el agua como un vaso lleno de ésta, el cual el difunto utilizará para aliviar su sed. Además se colocan diferentes objetos de tocador y aseo personal para el difunto.9
Los mayas tenían la creencia de que los cenotes, que ellos consideraban sagrados, eran una puerta al inframundo. En muchas representaciones de altares suele colocarse una vajilla con agua, simbolizando un cenote y la entrada al inframundo.10

Representación de la tierra

En la representación de la tierra se debe incluir diversas semillas, frutos, especias y otras bondades de la naturaleza. Se utilizan diferentes semillas como el maíz y el cacao para formar patrones en el suelo. En la actualidad se utiliza aserrín pintado de diferentes colores. En una idea moderna, la representación de la tierra se relaciona con el principio de la ideología cristiana "Polvo eres, y en polvo te convertirás" (Génesis 3,19).11

Flores

Las flores fungen como ornato en todo altar y sepulcro. La flor de cempasúchil, la nube y el amaranto o moco de pavo son las especies más utilizadas para el adorno de un altar.
Las flores de aves de paraíso y los tulipanes también combinan con el papel morado
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http://es.wikipedia.org/wiki/Altar_de_muertos

Halloween

Historia

Origen del nombre

La palabra «Halloween» [/ˌhæl.əʊˈiːn/] es usada como tal por primera vez en el siglo XVI, y proviene de una variación escocesa de la expresión inglesa "All Hallows' Even" (también usada "All Hallows' Eve") que significa «víspera de todos los Santos».
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Origen celta

Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el Otro Mundo se estrechaba con la llegada del Samhain, permitiendo a los espíritus (tanto benévolos como malévolos) pasar a través. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que los espíritus dañinos eran alejados. Se cree que el uso de trajes y máscaras se debe a la necesidad de ahuyentar a los espíritus malignos. Su propósito era adoptar la apariencia de un espíritu maligno para evitar ser dañado. En Escocia los espíritus fueron suplantados por hombres jóvenes vestidos de blanco con máscaras o la cara pintada de negro.Halloween tiene su origen en una festividad céltica conocida como Samhain, que deriva del irlandés antiguo y significa fin del verano. Los antiguos britanos tenían una festividad similar conocida como Calan Gaeaf. En el Samhain se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año nuevo celta», que comenzaba con la estación oscura.2 3
El Samhain también era un momento para hacer balance de los suministros de alimentos y el ganado para prepararse para el invierno. Las hogueras también desempeñaron un papel importante en las festividades. Todos los otros fuegos se apagaban y en cada hogar se encendía una hoguera en la chimenea. Los huesos de los animales sacrificados se lanzaban a la hoguera.
Otra práctica común era la adivinación, que a menudo implicaba el consumo de alimentos y bebidas, e incluso en Asturias se celebraban banquetes en las tumbas de antepasados.

Actualidad

Hoy en día, Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. Algunos países latinoamericanos, conociendo aún esta festividad, tienen sus propias tradiciones y celebraciones ese mismo día, aunque coinciden en cuanto a su significado: la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos. En Europa son muchas las ciudades en las que los jóvenes han decidido importar el modo con el que Estados Unidos concibe Halloween celebrándolo con fiestas y disfraces. Aunque en algunos lugares, como Inglaterra, la fiesta original ha arraigado de nuevo.
El hecho de que esta fiesta haya llegado hasta nuestros días es, en cierta medida, gracias al enorme despliegue comercial y la publicidad engendrada en el cineestadounidense. La imagen de niños norteamericanos correteando por las oscuras calles disfrazados de duendesfantasmas y demonios, pidiendo dulces y golosinas a los habitantes de un oscuro y tranquilo barrio, ha quedado grabada en la mente de muchas personas.
En esa noche los espíritus visitaban las casas de sus familiares, y para que los espíritus no les perturbasen los aldeanos debían poner una vela en la ventana de su casa por cada difunto que hubiese en la familia. Si había una vela en recuerdo de cada difunto los espíritus no molestaban a sus familiares, si no era así los espíritus les perturbaban por la noche y les hacían caer entre terribles pesadillas.

Truco o trato

Originalmente el truco o trato (en inglés «Trick-or-treat») era una leyenda popular de origen céltico según la cual no solo los espíritus de los difuntos eran libres de vagar por la Tierra la noche de Halloween, sino toda clase de entes procedentes de todos los reinos espirituales. Entre ellos había uno terriblemente malévolo que deambulaba por pueblos y aldeas, yendo de casa en casa pidiendo precisamente «truco o trato». La leyenda asegura que lo mejor era hacer trato, sin importar el costo que éste tuviera, pues de no pactar con este espíritu (que recibiría el nombre de jack-o'-lantern, con el que se conocen a las tradicionales calabazas de Halloween) él usaría sus poderes para hacer «truco», que consistiría en maldecir la casa y a sus habitantes, dándoles toda clase de infortunios y maldiciones como enfermar a la familia, matar al ganado con pestes o hasta quemar la propia vivienda. Como protección surgió la idea de crear en las calabazas formas horrendas, para así evitar encontrarse con dicho espectro (y con el tiempo, debido a la asociación mental entre el espíritu y las calabazas[cita requerida], el nombre de este sería dado a ellas, que es como son conocidas hoy día cuando llega esta fiesta).
Realmente, aunque se ha generalizado la traducción «truco» en castellano por el inglés «trick» y «trato» literalmente por «treat», en el caso del «Trick-or-treating» no se trata de un truco propiamente dicho sino más bien de un susto o una broma por lo que una traducción más exacta sería por ejemplo «susto o dulce» o «travesura o dulce».
En la actualidad, los niños se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta. Después de llamar a la puerta los niños pronuncian la frase «truco o trato», «truco o dulce» o «travesura o dulce» (proveniente de la expresión inglesa trick or treat). Si los adultos les dan caramelosdinero o cualquier otro tipo de recompensa, se interpreta que han aceptado el trato. Si por el contrario se niegan, los chicos les gastarán una pequeña broma, siendo la más común arrojar huevos o espuma de afeitar contra la puerta.
En México existe una versión denominada Calaverita en la que los niños preguntan ¿Me da usted mi calaverita? en lugar de ¿Truco o Trato? refiriéndose a un dulce con forma de calavera.
http://es.wikipedia.org/wiki/Halloween#Historia

Dia de Muertos en Queretaro

Dia de muertos en Queretaro


No hay celebración que represente mejor a México que el día de muertos, nuestra tradición más importante y ancestral, que además es reconocida en casi todo el mundo por encarar a la muerte en diferentes ritos con humor, cientos de colores, sabores trascendentes y la camaradería de su gente.

La fiesta de todos los santos es una representación de nuestro mestizaje, que se refleja en cada uno de los  elementos de esta celebración tan nuestra; se encuentra en la adoración de los santos católicos y en las bendiciones con copal indígena, se deleita en el morado y el naranja como nuestros colores de luto y se saborea en el atávico mole y en el pan de trigo y azúcar.

En Querétaro el día de muertos es sin duda una de nuestras más grandes celebraciones, gracias a las arraigadas comunidades indígenas que han trascendido hasta hoy en nuestro estado, las influencias chichimecas y otomíes se presentan en nuestras plazas en forma de los tradicionales altares  de muertos que son ofrecidos a las almas pasajeras de nuestros antepasados y héroes nacionales.

Visita las plazas y museos de la capital queretana, que se visten del alegre luto mexicano con diferentes eventos y celebraciones; ven a nuestra verbena popular en el centro histórico para saborear los tradicionales platillos que se ofrecen en los altares.

Llega hasta los distintos mercados queretanos, donde el folklore del día de muertos te atrapará en este jolgorio lleno de color con brillantes flores de cempasúchil, infinidad de papel picado y decoradas calaveritas de azúcar con tu nombre.

Disfruta de comida tradicional queretana en el restaurante Fin de Siglo, donde deleitarás tu paladar con exquisitas recetas de antaño. Encontraras este restaurante decorado con antigüedades en una casona colonial a contra esquina del Teatro de la República en Hidalgo 1, Centro Histórico.

Otra increíble opción para llenar de misticismo y magia el día de muertos, es visitar en Tolimán las Capillas Otomíes o familiares, cuya tradición ha sido nombrada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Estos pequeños santuarios son construidas en honor al primer familiar bautizado y las escrituras dentro de las capillas, recuerdan los momentos más espirituales de la familia, como uniones matrimoniales, muertes y nacimientos.

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Altar de Muertos 2014

Como cada año, Querétaro celebrará el Día de Muertos a lo grande. Del 22 de octubre al 2 de noviembre podrás disfrutar de esta fiesta que tendrá lugar en Plaza de Armas. Habrá actividades artísticas y culturales para toda la familia además del ya tradicional altar de muertos.

Este año el alatar estará dedicado a 6 personajes de leyendas queretanas: Don Bartolo, La Zacatecana, Sor Marcela, La Carambada y Chucho El Roto; cuyas historias son parte de la cultura local que perdura en la memoria de los queretanos.

Don Bartolo.

Esta leyenda cuenta la historia de un hombre que vendió su alma al diablo a cambio de riquezas. El 20 de mayo de 1701 llegó a su fin este trato de una manera aterradora.

La Zacatecana

Relata la vida de un matrimonio proveniente de Zacatecas que llegó a la ciudad de Querétaro. Años más tarde se supo que la mujer había asesinado a su marido y a su amante, crimen por el cual sería castigada con la muerte.

Sor Marcela
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Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, se enamoró de Sor Marcela quién a cambio de corresponderle su amor, le pidió que construyera el Acueducto que traería el agua de los manantiales de La Cañada para abastecer a la ciudad. Al final, ella le ofreció oraciones como recompensa.

La Carambada

Fue conocida en toda la región por su actividad delictiva. Al sentir la cercanía de la muerte, pidió la presencia de un sacerdote, a quien confesó todas sus fechorías.

Chucho El Roto.

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Jesús Arriaga, mejor conocido como Chucho el Roto, fue un astuto joven que se hizo famoso por estafar y robar a los ricos para ayudar a los pobres, durante diez años realizó sus robos, la gente de escasos recursos  lo querían y protegía.
Galería
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jueves, 23 de octubre de 2014


Rituales de dia de muertos



México es uno de los países latinoamericanos que ostenta una variedad de tradiciones culturales, las cuales en parte se reflejan en su folclor, artesanía, música, danza, pintura, gastronomía y diversos rituales como el del Día de Muertos, en el mes de noviembre de cada año.En todos los tiempos de la existencia humana se han practicado ritos y ceremonias, pero la organización sociocultural, económica y el mismo entorno natural de los grupos humanos les imprimen particularidades que las diferencian, a pesar de que parecen similares; de tal manera que acontecimientos como el nacimiento, el matrimonio o la muerte suelen tener diversas explicaciones. La muerte, como realidad ineludible que acaece a todo ser humano, se vive, interpreta, se ritualiza y se representa de múltiples formas. Con la conquista y el mestizaje, la cosmogonía indígena cambia respecto a la vida y a la muerte, sin embargo, ese proceso de aculturación generó sincretismos que aún en la actualidad observamos en manifestaciones como la pintura, escultura, artesanías, danzas, fiestas, trajes, mitos y leyendas, y en la religión misma; impuesta y desarrollada como producto de tal mestizaje que integró lo prehispánico con el cristianismo.
En los estudios del México prehispánico se evidencia el marcado interés por las prácticas funerarias. Así vemos, que en el códice mayliabecchiano se registra que los meses nueve y diez eran dedicados a celebraciones mortuorias. Puede decirse que el tema de la muerte constituye uno de los elementos más importante en la expresión artística y religiosa de toda Mesoamérica.
Presente en toda la cosmogonía prehispánica, la muerte se asume como otra forma de vida y los poetas aludían a la vida y a la muerte, como una dualidad que integra una sola realidad. El rey Nezahualcóyotl le declamó a la muerte, y cada año, en el mes de noviembre, se reproduce y se declama en México su poema:
Aunque sea jade: también se quiebra,
aunque sea oro, también se hiende,
y aun el plumaje de quetzal se desgarra:
¡No por siempre en la tierra:
sólo breve tiempo aquí!
Como una pintura nos iremos borrando,
como una flor hemos de secarnos sobre la tierra,
cual ropaje de plumas del quetzal, del zacuán,
del azulejo, iremos pereciendo.

Ofrenda de los indígenas Otomíes del estado de Hidalgo. Comida, bebida, instrumentos de trabajo, guitarra y vestimenta del difunto.Ofrenda mestiza. Ciudad de Tlaxcala. Sobre la mesa, calaveras de chocolate, azúcar y amaranto. Licor de tequila y adornos de papel «china»
Festividad y ritual de los muertos
El mundo actual se encuentra marcado por una serie de rituales que se realizan a través de actos formales o convencionales, cuyos mensajes y funciones son de carácter político, ideológico o religioso, y su convalidación se encuentra tanto en el imaginario como en la práctica de los diversos sectores sociales. En el México moderno, el ritual a los muertos, presenta manifestaciones de los tiempos más remotos, y se constituye en una de las expresiones de la mentalidad y la convivencia colectivas. El significado religioso del ritual a los antepasados (no a la muerte) tiene su comprensión a partir de una concepción profunda de la vida, la cual ha encontrado en el devenir de la humanidad, expresiones vigorosas entre los pueblos indígenas del pasado con los del presente, y con la población desindianizada del México moderno.
En honor a sus antepasados los hombres prehispánicos en diferentes momentos han dejado su huella en esculturas, máscaras, montículos, códices, tumbas, y ofrendas colocadas a los muertos. Entre los tesoros prehispánicos que aluden a la muerte, sobresale la «Cuatlicue», diosa de la tierra, de la vida y de la muerte, hallada en la tumba siete de Monte Albán. De igual valor la «cabeza de la vida y de la muerte» encontrada en Oaxaca, hecha de arcilla, con la representación de la vida en el rostro derecho y la muerte en el izquierdo.
Junto a esta riqueza arqueológica se pone de presente las maravillas culturales de los sobrevivientes indígenas, que como sucesores de las extraordinarias civilizaciones prehispánicas y herederos de una basta cultura ancestral han contribuido, a pesar de sus más de quinientos años de soledad, a la conformación de una identidad del mexicano. La festividad del Día de Muertos es una tradición típica de México que tiene sus inicios en la época prehispánica. A partir de la colonización española se establece un sincretismo religioso que influye en esta festividad; y en el siglo XX vemos aparecer la influencia cultural norteamericana con la celebración del día de halloween, principalmente en las ciudades.1
La mezcla de la tradición mexicana con elementos externos, es posible entre otras razones, porque la vida de los pueblos es dinámica y se va construyendo con cambios internos e influencias de otras culturas; dependiendo de las condiciones sociales, culturales, económicas y políticas de cada momento histórico. La formación económica y social mexicana, hace posible la presencia de diversos grupos sociales con sus correspondientes manifestaciones culturales y grados de influencias o prestamos de otras culturas. Por ello podemos apreciar, en la celebración del Día de Muertos, el esplendor tradicional del florido panorama en las comunidades indígenas, con sus respectivas ofrendas donde «están vivos los muertos», participando en las necesidades vitales, como son el comer y el beber. También es posible compartir el ritual en las ciudades, acompañado de ingredientes típicamente urbanos: altares majestuosos, calaveras de chocolate, esqueletos de dulces, y el delicioso pan de muertos hecho exprofeso para tales días. De igual manera es factible visitar al cementerio, espacio simbólico de religiosidad e interacción del mundo viviente con los muertos. El panorama del interior y del exterior constituye verdaderas ferias populares, ya sea en el campo o en la ciudad. Es costumbre de los mexicanos colocar ofrendas sobre las tumbas, consumir los alimentos en el panteón, y hacer las velaciones con diferentes tipos de música. Con ello se pretende establecer comunicación entre los vivos y los muertos.
Estande venta de calaveras de azúcar en la "Feria del Alfeñique". Ciudad de Toluca."Los cajoncitos" de los muertitos de azúcar. Se acostumbra regalarlos a las amistades y compañeros de trabajo
En las zonas rurales y en particular en las comunidades indígenas, la festividad y el ritual del Día de Muertos, en gran medida refuncionaliza la dinámica familiar. El rol de la mujer, principalmente la madre, marca rasgos particulares de identificación de la tradición con la familia a través de las diferentes funciones que cumple al interior de la familia, pues se encarga del aseo, compra de ingredientes para la ofrenda, preparación de alimentos, arreglo de la casa, colocación de la ofrenda y de todas aquellas otras actividades que hacen posible la continuidad de la tradición y el rito religoso-cultural. La organización de tal evento obliga a la realización de una serie de actividades familiares y sociales que se ejecutan con varios días de anticipación. Esta dinámica incluye el retorno masivo de migrantes nacionales e internacionales que contribuyen a continuar, y al mismo tiempo a transformar la festividad, en la medida que aportan lo necesario para la compra de los elementos de la ofrenda, y a la vez manifiestan elementos culturales ajenos a sus comunidades.
El principio básico de esta tradición, parte de la concepción de que todos los muertos visitan las casas de los vivos para participar juntos en la fiesta dedicada a ellos. Por ello son indispensables las ofrendas. Se ofrece a los antepasados sus alimentos, bebidas, frutas y dulces predilectos. Acompañados con velas de cera limpia, copal, intenso olor a incienso; pan de muerto en forma de muñecos, de luna, redondos con cruces; flores silvestres, tamales, golosinas, pulque, cerveza, aguardiente, tequila, atoles, flores de cempasúchil2, nubes, gladiolas, terciopelo, flor de coronillas, mole, elotes, refrescos, camotes, cigarros y todos aquellos alimentos propios de la región. A las ofrendas para los «muertitos», le colocan pan con figuras de niño, dulces, leche, juguetes, cuadros de angelitos y fotos de niños muertos.
El lúgubre doblar de las campanas invita a las familias a que se presenten en el atrio de la iglesia, para posteriormente dirigirse al sepulcro del cementerio. Allí limpian cuidadosamente las tumbas y colocan las ofrendas correspondientes. Encienden cirios, depositan flores, arrojan agua bendita y después ofrecen oraciones a los difuntos. Los cementerios se ven colmados por multitudes que amanecen en ellos. Los manjares típicos de la cocina mexicana son colocados sobre las lápidas. Los alimentos satisfacen el hambre de los difuntos; ellos toman la esencia de la comida, y de esta manera consumen lo ofertado por familiares vivos. Las bebidas calman la sed de los muertos, por eso, bajan de nivel en el recipiente que son colocadas. Las veladoras le dan la pureza, y el camino de flor de cempasúchil le indican la entrada de la casa hasta el lugar donde se encuentra la ofrenda para que el difunto no se pierda. Igualmente la cruz ayuda al muerto a encontrar el camino y simboliza el permiso para que el alma del muerto pueda salir del cielo.
El pan es el símbolo de invitación fraternal para con el recién llegado. Las flores significan la pureza y ternura. El copal y el incienso alejan a los malos espíritus, son elementos de alabanza, representan la ofrenda a Dios y unen al que lo ofrece con el que lo recibe. El agua, fuente de vida, se brinda a los difuntos para que mitiguen la sed producto del largo camino.
El día 2 o de 3 de noviembre, los alimentos colocados en las ofrendas son retirados e intercambiados con familiares y amigos. De esta forma, la práctica ritual transmite un proceso cultural en el que la socialización traspasa al grupo familiar, estrechando vÍnculos parentales y de amistad a través de la participación en estos rituales públicos, al igual que con el intercambio de los productos de las ofrendas. Estos ritos son mecanismos de socialización, mediante los cuales se manifiestan colectivamente un pueblo en torno a sus antepasados y a la forma de concebir actualmente la dicotomía vida-muerte como expresión de identidad religiosa-cultural. De los diversos rituales públicos que se relacionan con la religión católica, el del culto a los muertos y al de la guadalupana; representan por su magnitud e incidencia social, satisfactores culturales y sociales que infiltran confianza espiritual en el individuo, familia y población creyente en general, lo que de otra manera complicaría la existencia con relación a la vida y a la muerte.
El ritual que se realiza en el Día de Muertos, se constituye por el hombre, los espíritus de los muertos y los elementos creados por él como velas, ceras e imágenes, y los obtenidos de la naturaleza como las flores y el agua. La acción del rito, como fuerza cósmica y mental generada a través del comportamiento colectivo, se sitúa en el punto de convergencia de la naturaleza, la sociedad, la cultura y la religión. Condensa el hecho mediante el cual el hombre se somete a la divinidad, como individuo o grupo familiar, en acto socialmente sancionado y aprobado por la colectividad. De esta manera, la práctica ritual combinada con las ceremonias y ofrendas, trasmite un proceso cultural en el que la mayoría de la población participa como parte de la vida social de México. Diversas instituciones sociales, culturales y educativas aportan su cuota de participación mediante la colocación de ofrendas.
De igual importancia son los concursos que las escuelas preparatorias y otros centros culturales convocan sobre ofrendas, calaveras, cuentos y trabajos escritos sobre el tema. Obras de teatro como «El Fandango de los Muertos» y las diversas representaciones artÍsticas que suelen hacer presencia desde la última semana de octubre son muestras elocuentes de la continuidad de una tradición que identifica al mexicano. Al respecto, amerita mención especial las Ferias del Alfeñique3 que para tal ocasión se instalan en los portales de las ciudades. Los artesanos del dulce, convertidos en verdaderos artistas, confeccionan esqueletos, calaveras, tumbitas, animalitos, representaciones de músicos, orquestas y diversos profesionistas, hechos de telas, papel, chocolate, frutas, ma-dera, barro, chicle y otros ingredientes de consumo popular.4
Haciendo abstracción de los dictados científicos del actuar del hombre, en el México contempor·neo sigue vigente la muerte como dulce compañera y como inexorable enemiga que hace que le teman y entren en angustia ante la vida, a la vez que juegan, la ridiculizan y se burlan de ella. Popularmente designan a la muerte con apodos irónicos e irreverentes como la calaca, pelona, huesuda, pelada, la flaca, dientona, catrina...
Prueba de ello son las sátiras, bromas, burlas, sonetos, metáforas, cantos, dibujos, caricaturas y parodias que en calaveras y esqueletos representan a políticos y personajes populares del país, estado o ciudad. En los primeros días de cada mes de noviembre, abundan por todas partes los versos llamados «calaveras», que significativamente y a manera de ofrenda, adelantan el juicio post-mortem aprovechando para poner énfasis en la crítica aguda, pero certera con todo el ingenio mexicano en donde la muerte est· presente y que ha perdido el poder de intimidar, convirtiéndose en la fiel colaboradora de artistas que contribuyen a establecer la justicia sobre la tierra.
Hoy en día, en las ciudades mexicanas, los versos «calaveras» son fieles acompañantes del ritual a la muerte, y contribuyen a señalar la miseria y los errores de la sociedad mediante la sátira a los políticos y gobernantes corruptos, en un festín macabro que no tiene paralelo en América Latina.

«Concurso de ofrendas»
en el patio central de la Universidad
Autónma del Estado de México.
Los concursos de ofrendas
son a nivel nacional
en todas las escuelas primarias,
secundarias, preparatorias y
universidades a nivel de licenciatura.
Todo este elenco de festividad y ritualidad, reflejo de la pluriculturalidad en México, impresiona a cualquier extranjero que de manera sorprendente contempla la participación social, familiar o individual, dependiendo del medio en que se encuentre. Mayor es la sorpresa cuando observa la gran variedad de calaveras elaboradas de azúcar, chocolate, camote o amaranto, con el nombre de un amigo, el padre o el hijo que de manera natural son obsequiadas y consumidas con el placer de saborear un suculento dulce en forma de esqueleto, o de paladear los huesos de la «pelona» sopeados con chocolate espeso y pan de muertos.
Es así como en el México contemporáneo una gran parte de la memoria colectiva se encuentra condensada en el ritual a los muertos, que celebran todos los sectores sociales y que se difunde por todos los medios de comunicación del país. Este ritual es la puesta en escena no sólo del sincretismo cultural y religioso de lo prehispánico con lo católico, sino que dramatiza acontecimientos significativos de la vida y la muerte de los mexicanos, conviertiéndose en un medio importante de integración social y de identificación con profundas raíces sociales y culturales de tradición indígena que comparte bienes materiales y culturales (Barth, 1976).
* Eduardo Andrés Sandoval Forero es investigador del Centro de Investigación y Estudios Avanzados en Ciencias Políticas y Administración Pública de la U.A.E.M y Director de la revista Convergencia.

Notas
1 Los niños disfrazados de brujitas, portando chilacayotes y calabazas en forma de calavera, recorren las calles, pidiendo dulces y monedas.
2 El cempasúchil, es la flor de los cuatrocientos pétalos, de color amarillo brillante y de olor muy penetrante, con la que se adornan los altares de las ofrendas indígenas o mestizas. También se deshoja formando caminos o cruces, para que guie a los que vienen del «más allá». 
3 En la época prehispánica los indígenas ofrendaban a sus dioses con figuras de dulces de pinole en forma humana o de animales. Posteriormente esta tradición se mezcló con la española, y apareció el alfeñique.
4 Para fabricar dulces sabor a muerte, se requieren demasiadas horas al frente de la mesa y del fogon, es decir se requiere «paciencia de muerto».


Fuentes consultadas:
Barth, Fredrik (1976) Los grupos étnicos y sus fronteras, Fondo de Cultura Económica, MÈxico. 
Malinowski, Bronislaw (1985) Magia, ciencia y religión, Origen/planeta, México. 
Sandoval Forero, Eduardo A. (1997) Cuando los muertos regresan, Univ. Autónoma del Estado de México.
Vicent, Thomas Luis (1983) AntropologÍa de la Muerte, Fondo de Cultura Económica, México. 

Dia de muertos

Día de Muertos


El Día de Muertos es una celebración mexicana de origen mesoamericano que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza desde el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.
Es una festividad que se celebra en México y en algunos países de América Central, así como en muchas comunidades de los Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana y centroamericana. La Unesco ha declarado la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.2 Existe en Brasil una celebración similar conocida como Día dos Finados, aunque esta festividad no tiene las mismas raíces prehispánicas que el Día de los Muertos.
El culto a la muerte en México no es algo nuevo, pues ya se practicaba desde fechas próximas al año 1800 a.C. Así mismo, en el calendario mexíca que se localiza en el Museo de Antropología, se puede observar que entre los 18 meses que forman este calendario, había por lo menos 6 festejos dedicados a los muertos. Los evangelizadores cristianos de tiempos coloniales aceptaron en parte las tradiciones de los antiguos pueblos mesoamericanos para poder implantar el cristianismo entre dichos pueblos.
Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexicamayapurépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones por lo menos desde hace tres mil años. Entre los pueblos prehispánicos era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.
El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la "Dama de la Muerte" (actualmente relacionada con "la Catrina", personaje de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos.
El paso de la vida a la muerte es un momento emblemático que ha causado admiración, temor e incertidumbre al ser humano a través de la historia. Por muchos años, en diversas culturas se han generado creencias en torno a la muerte que han logrado desarrollar toda una serie de ritos y tradiciones ya sea para venerarla, honrarla, espantarla e incluso para burlarse de ella. México es un país rico en cultura y tradiciones; uno de los principales aspectos que conforman su identidad como nación es la concepción que se tiene sobre la vida, la muerte y todas las tradiciones y creencias que giran en torno a ellas.
De cualquier modo, hay que destacar que esta celebración no es propia de todos los mexicanos puesto que, pasa a ser una fiesta que se ha convertido en un símbolo nacional y que como tal es enseñada (con fines educativos) en las escuelas del país, existen muchas familias que son más apegadas a celebrar el “Día de todos los Santos” como lo hacen en otros países católicos. Además, cabe mencionar la fuerte influencia de los Estados Unidos que, al menos en zonas fronterizas, se evidencia con la presencia de la fiesta conocida como Halloween, la cual se celebra cada año con más frecuencia y en un mayor número de hogares. De ahí también que exista una inquietud entre los propios mexicanos de querer preservar el Día de Muertos como parte de la cultura mexicana sobre otras celebraciones parecidas.
Sin embargo muchos mexicanos consideran que el Día de Muertos al ser una fiesta sincrética es capaz de convivir y adoptar otros festejos no tradicionales de manera sana, permitiendo el uso de los disfraces, sin restar su importancia cultural y ni poner en riesgo su existencia en México, continuando un proceso de transformación cultural que se ha venido desarrollando durante los últimos siglos.

Biografias

  • Revista Disfruta Xochimilco, ayer y hoy. Especial de Día de Muertos. No. 5, octubre de 2004. Xochimilco, México, D.F.
  • Ramos, L. (1988). Culturas clásicas prehispánicas: Las raíces de la América indígena. Madrid: Anaya.
  • Ochoa, J. (1974). La muerte y los muertos. México: SepSetentas.
  • Universidad Nacional Autónoma de México (1998). Ofrenda de Muertos. México: UNAM.
  • Florescano, E. (1995). Mitos mexicanos. México: Aguilar Nuevo Siglo